A pesar de no saber aún lo que depara este aniversario para los próximos invitados, he de decir que, si solo hubiera logrado reunir las voces de tres invitados: Ryan, Sam y, en esta ocasión, Vernon, me habría bastado.
Porque en estas conversaciones, sin haberlo buscado y sin haberlo planeado de antemano, este aniversario ha conseguido destilar un tema tan sencillo como complejo: la cultura.
Mientras que con Ryan y Sam explorábamos el matcha, una bebida que ha recibido una cuota importante de atención, tanto entre quienes ya formaban parte de este mundo del té como entre quienes encontraron en él su primera puerta de entrada, con Vernon la conversación nos llevó hacia otro lugar.
Porque el mundo del té, precisamente por ser un mosaico, está compuesto por muchos otros tés, cada uno con sus propias dificultades, historias y trascendencias. Y quizá ahí reside una de sus mayores riquezas: en que no estamos hablando de una cultura estática, sino de una cultura viva, que cambia, se adapta, se transforma y continúa construyéndose a través de las personas que la cultivan, la estudian y la comparten. Hoy tenemos el placer de conocer a Vernon Harris.
Vernon ha viajado a 84 países, ha vivido en nueve y habla seis idiomas, una trayectoria que también se refleja en la manera en que habla sobre el té.
Hace cinco años se incorporó al comercio de té de especialidad, uniéndose a una de las compañías de té más grandes de China como proveedor para el sector de la hospitalidad. Como fabricante asociado, la empresa suministra tés de hoja premium a más de 3,000 socios en toda China, cultivando y abasteciéndose de los seis tipos de té. Esta experiencia le permitió a Vernon tener un lugar privilegiado desde el cual observar cada eslabón de la cadena de suministro, desde la ladera donde se cultiva hasta la taza.
El año pasado llevó esa experiencia al Reino Unido y fundó Sinovate, con un objetivo sencillo: acercar auténticos tés chinos, cuidadosamente elaborados, a los consumidores británicos que buscan conocer el producto real. El Lapsang Souchong ocupa, apropiadamente, un lugar central dentro de su portafolio, ya que también es uno de los tés más difíciles de introducir en el país debido al minucioso escrutinio al que lo someten las autoridades aduaneras del Reino Unido y la Unión Europea. El enfoque de Vernon ha sido construir relaciones directas con productores de confianza, de manera que la calidad y el cumplimiento de las normativas avancen de la mano, en lugar de convertirse en obstáculos entre sí.
Más allá del ámbito empresarial, Vernon se desempeña como Director de Educación en la junta directiva de la European Specialty Tea Association (ESTA), donde actualmente trabaja en el desarrollo de una nueva generación de programas educativos orientados a profundizar la manera en que los europeos comprenden y aprecian el té de especialidad.
“El condimimento”
Me dio cierta tristeza descubrir que uno de los primeros resultados que aparecen en el buscador (al menos para mí) cuando introduces “Lapsang Souchong” corresponde a un artículo que habla de la belleza de este té principalmente por su capacidad de aportar sabor a la cocina y la pastelería.
Y sí, el Lapsang Souchong puede traer sabor a la vida de quien lo consume.
Pero, como ocurre con tantas cosas en esta vida, creo que parte de su belleza también radica en comprenderlo: saber de dónde viene, cómo se hace, por qué sabe cómo sabe y qué historia hay detrás de aquello que llega a nuestra taza.
Por eso, lo primero que le pregunté a Vernon fue:
¿Qué es el Lapsang Souchong y qué lo hace especial?
Ya que muchas personas han escuchado hablar del Lapsang Souchong, pero pocas conocen su historia.
¿Qué es exactamente y qué lo hace tan especial? Vernon lo explicó así: "El Lapsang Souchong proviene de Tongmu, una pequeña zona enclavada en las montañas Wuyi, en la provincia de Fujian, ampliamente reconocida como la cuna del té negro, con una historia que se remonta hasta comienzos del siglo XVII, hacia el final de la dinastía Ming.
La historia de su origen tiene un poco de accidente y otro tanto de necesidad.
Durante un periodo de inestabilidad militar, los productores locales de té se encontraron con un lote de hojas recién cosechadas y sin tiempo suficiente para secarlas adecuadamente antes de que se echaran a perder. Su solución fue acelerar el proceso utilizando el calor de la madera de pino ardiendo.
El resultado fue algo completamente distinto a cualquier té que hubieran probado hasta entonces: ahumado, profundo y extrañamente cautivador.
Cuando llegó a Gran Bretaña, encontró admiradores casi de inmediato. Su carácter ahumado no resultó difícil de aceptar en un país ya acostumbrado a los arenques ahumados, el tocino y los quesos ahumados, y su popularidad no hizo más que crecer cuando se extendió la noticia de que la familia real también había desarrollado gusto por él.
A menudo se describe como una fogata en una taza: un intenso humo de pino acompañado de notas de malta, longan deshidratado, miel oscura y una ligera calidez que recuerda al whisky.
Ya sea que termine convirtiéndose en uno de esos tés que se vuelven favoritos para toda la vida o permanezca como un gusto adquirido, rara vez es un té que alguien olvida.
En resumen, conocimos a alguien cuya trayectoria le ha permitido recorrer y comprender cada eslabón de la cadena de suministro, y nos acercamos a un té que puede sentirse como una fogata en una taza, pero que algunos terminan reduciendo a poco más que un condimento.
Es por ello por lo que resulta imperativo detenernos a determinar qué entendemos realmente por autenticidad cuando hablamos de Lapsang Souchong; es decir,
¿Qué hace que un Lapsang sea auténtico?
¿La determina su origen, los métodos tradicionales de elaboración, su perfil de sabor o algo más?
Esta conversación continúa en el volumen: Una fogata en una taza de Mijología Aplicada.
Accede al volumen completo para seguir explorando las reflexiones, experiencias y conocimientos compartidos por Vernon Harris, y descubrir una conversación más profunda sobre el Lapsang Souchong, su historia, su elaboración y lo que existe detrás de una taza.
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