Créeme, es de la buena

Créeme, es de la buena

“Nuevo año, nuevo yo”. Esta frase es algo que muchos dijeron el 31 de diciembre al culminar el año gregoriano 2024, pero ¿no fue esto lo mismo que dijeron al terminar el 2023? Parece ser un círculo repetitivo en el que las personas plantean metas con la esperanza de transformar su vida, pero la realidad muchas veces resulta ser distinta.

Según Batts (2023), la realidad de “Nuevo año, nuevo yo” es más compleja de lo que uno puede pensar. Este “nuevo yo” suele medirse a través de las resoluciones de año nuevo, las cuales abarcan diversos aspectos: personales, psicológicos, financieros, religiosos, físicos, entre otros. Sin embargo, las estadísticas del año 2022 demuestran que solo un 9% de los estadounidenses realmente logró completar lo que se propuso. Además, un 23% se dio por vencido durante la primera semana de enero, y un 43% abandonó sus metas antes de que terminara el mes.

Esto plantea una pregunta intrigante: ¿Son las resoluciones de año nuevo una mentira infundada por quienes se las proponen? Antes de llegar a una conclusión, podría ser útil considerar otros conceptos que también prometen grandes beneficios, pero no siempre cumplen, como “sostenibilidad”, “orgánico”, “natural”, “trazabilidad” o certificaciones como “fair trade” o “Rainforest Alliance”. Estas etiquetas en el mercado pueden ser como las resoluciones de Año Nuevo: se declaran con entusiasmo, pero muchas veces no se cumplimos. Entonces, ¿qué es lo que está fallando? ¿Quién las propone o lo que se propone?

SONRÍE PARA LA FOTO

Como se discutió en el artículo de la sección Práctica de la Ruta del Sabor, que tuvo como invitado a Guy Chambers, tener una página en internet titulada “Nuestro Propósito” es algo que cualquiera puede hacer. Para parafrasear la frase que el tío Ben le dijo a Peter Parker: con gran poder viene una gran responsabilidad. Las empresas pueden proclamar cualquier mensaje, pero lo importante es analizar con discernimiento si lo que afirman es coherente con sus acciones.

Como dice el refrán: “Del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Poner en la etiqueta “Producto orgánico”, y a veces simplificarlo a “100% natural”, no es suficiente. Es necesario tener pruebas de estas afirmaciones. ¿Por qué? Aunque parece “simple” en teoría, en la práctica es sumamente complejo.

CUESTA MÁS, PERO ES 100% NATURAL

En el mundo del mercado, perder no es una opción. Esto no es nada nuevo; ejemplos históricos como la Compañía Inglesa de las Indias Orientales muestran cómo las empresas han hecho todo lo posible por ser las más competitivas. Hoy en día, se supone que somos “más civilizados y empáticos”, y las regulaciones son nuestra guía.

En un mundo saturado de productos procesados, enlatados o congelados, muchas personas buscan sabores más reales, alejados de químicos y conservantes. Por ello, optan por gastar un poco más en productos con etiquetas como “natural” o “100% natural”, asociando estos términos con calidad superior.

Sin embargo, la realidad puede ser distinta. La USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos), en su revista, destacó el trabajo de Kuchler et al. (2023). Este estudio sostiene que las etiquetas pueden otorgar atributos positivos a priori, como “100% natural”, que influyen en la percepción del consumidor y elevan el precio del producto frente a su competencia. No obstante, el término “natural” puede ser engañoso.

Kuchler et al. (2023) explican que, aunque este etiquetado es regulado, “natural” se refiere al procesamiento del producto. Podría ser un sinónimo de “hecho a mano” o “artesanal”, pero no considera el uso de químicos, pesticidas, hormonas u otros agentes.

Pero seamos sinceros, si tuviéramos la opción de comprar un pollo asado en el supermercado, uno sin etiqueta alguna y otro con la etiqueta “hecho a mano”, pero este último costara el doble, ¿lo pagaríamos? Probablemente no. Kuchler et al. (2023) afirman que diversos estudios han concluido que los consumidores asocian el término “natural” con “una mejor salud”, cuando en realidad esto no es necesariamente cierto.

POR ESO YO COMPRO PRODUCTOS ORGÁNICOS

Aquí entramos a otra categoría. Los términos “natural” y “orgánico” suelen usarse como sinónimos, pero no lo son. Primero, hay que identificar si un producto es “natural” u “orgánico”. Después, verificar que el etiquetado esté avalado por una institución reguladora y entender qué tipo de “orgánico” representa.

En la producción de té, por ejemplo, existen diferentes categorías, como explica Sabita Banerji: “Escucha cuidadosamente y comprende lo que otros te dicen”. Muchas veces, algunos productores tienen prácticas orgánicas sin contar con una etiqueta oficial.

En Japón, hay tres categorías principales de producción de té:

  1. Convencional: Uso de pesticidas y abonos químicos o biológicos.
  2. Orgánica: Uso exclusivo de pesticidas y abonos biológicos de origen animal o vegetal, sin tratamiento químico.
  3. Natural: Mínima o nula intervención humana; las plantas se desarrollan en su entorno natural, enfrentando plagas y adversidades por sí mismas.

Es importante tener en cuenta que esto se refiere exclusivamente a la producción de té en Japón. India, al igual que otros países, cuenta con estándares propios. Sin embargo, un excelente punto de partida es la regulación de la Unión Europea para productos orgánicos.

La Comisión Europea (2025) sostiene que, para que un producto sea considerado orgánico, deben cumplirse criterios en todas las etapas de su producción, ya sea un producto de origen animal o vegetal. Por ejemplo, en la producción vegetal, se toma en cuenta todo el proceso, desde la semilla hasta su procesamiento final.

La regulación de la Comisión Europea está enfocada en la protección del medioambiente y la biodiversidad de los ecosistemas (en este caso, dentro de la Unión Europea). Se destaca por prohibir el uso de organismos genéticamente modificados (GMOs), radiación, fertilizantes artificiales, herbicidas y pesticidas. En el caso de los productos de origen animal, también restringe el uso de hormonas y limita estrictamente el empleo de antibióticos.

 

Aunque este conjunto de regulaciones puede parecer un dolor de cabeza, su objetivo no es complicarnos la vida, sino mejorarla. Al final, cosechamos lo que sembramos, y todo lo que hacemos regresa a nosotros porque el ciclo de la vida es inevitablemente circular.

En el próximo artículo, exploraremos por qué no se trata de acumular etiquetas positivas en los productos, sino de las acciones que tomamos para cambiar las tendencias del mercado. Tampoco debemos caer en la trampa de dividir entre "buenos" y "malos", ya que eso no es más que una forma de segregación disfrazada. Nadie nace sabiéndolo todo, pero todos tenemos la oportunidad de aprender y ser mejores.

No importan tanto los errores del pasado, sino lo que hacemos hoy para mejorar, porque son nuestras acciones presentes las que definirán nuestro futuro.

 

 

Satoricha ~

 

Referencias

Batts, R. (2023, February 2). Why Most New Year's Resolutions Fail | Lead Read Today | Lead Read Today. Fisher College of Business. Retrieved January 5, 2025, from https://fisher.osu.edu/blogs/leadreadtoday/why-most-new-years-resolutions-fail

European Comission. (2025, 1 5). Organic production and products. European Comission. https://agriculture.ec.europa.eu/farming/organic-farming/organic-production-and-products_en

Kuchler, F., Sweitzer, M., & Restrepo, B. J. (2023, August 30). Prevalence of the “Natural” Label Varies by Food Category. USDA ERS. Retrieved January 5, 2025, from https://www.ers.usda.gov/amber-waves/2023/august/prevalence-of-the-natural-label-varies-by-food-category/

 

 

Satoricha

Satoricha, el enigmático gato con sombrero, es un personaje que pocos han llegado a conocer, pero muchos se preguntan quién es realmente… incluso si existe de verdad. Algunos dicen que lo han visto entre hojas de té al caer la tarde, mientras otros creen que es solo una leyenda que acompaña historias antiguas sobre hospitalidad y momentos compartidos. Sin embargo, su presencia es inconfundible: elegante, curioso, y siempre un paso adelante. Nadie sabe exactamente de dónde vino o qué busca, pero aquellos que se cruzan con él no pueden evitar sentir que hay más detrás de esa mirada felina y su sombrero lleno de secretos.

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