“En la sociedad en que vivía, las personas —incluso los líderes— eran absolutamente previsibles. Sus reacciones no se salían de lo trivial. No tenían comportamientos que provocaran la emoción ajena, ni estimularan la imaginación. Lo que les faltaba a los «normales» le sobraba al misterioso hombre que estaba frente a Julio César. Su curiosidad por conocer su identidad se hizo tan fuerte que volvió a preguntárselo, pero esta vez de manera diferente. Primero miró en su interior y reconoció que sabía muy poco de sí mismo. —Yo no sé quién soy, necesito encontrarme. Pero por favor, insisto, ¿quién eres tú? El hombre esbozó una sonrisa; Julio César empezaba a hablar en su idioma. Con gran inspiración, por fin se dio a conocer. De pie, mirando el sol que se ponía en el horizonte, abrió un poco las piernas, levantó los brazos y dijo, con gran seguridad: —¡Soy un vendedor de sueños! […] —¿Vendedor de sueños? ¿Cómo? ¿Qué es eso? —preguntó, completamente perdido en su racionalidad. […] —Sí, soy vendedor de sueños —reafirmó éste, sin duda. […] —¿De verdad? ¿Y qué es lo que vendes? —preguntó con curiosidad.
—Trato de vender coraje para los inseguros, osadía para los fóbicos, alegría para los que han perdido la fascinación por vivir, sensatez para los incautos, críticas para los pensadores. […] Y, para su sorpresa, el extraño añadió: —Y para los que piensan en poner un punto final a su vida, intento vender una coma, sólo una coma. —¿Una coma? —preguntó el sociólogo, confundido. —Sí, una coma. Una pequeña coma, para que puedan escribir su historia.” (Cury, 2011, p. 22 - 24)
KPI’s
El epígrafe anterior pertenece a El vendedor de sueños. Aunque a primera vista parezca ajeno a los temas tratados recientemente en este diario, en realidad se conecta de forma directa con la pregunta planteada en el último escrito: ¿cómo ser tu oasis?
La respuesta parecía sencilla: conocerte a fondo. Saber qué te asusta, qué anhelas, qué te hace reír y qué te duele. Traducir esa complejidad en datos (unos y ceros) hasta volver transparente a un ser tan contradictorio como tú: 01100111 01100001 01110100 01101111 00100000 01100011 01101111 01101110 00100000 01110011 01101111 01101101 01100010 01110010 01100101 01110010 01101111
Concluimos que hoy muchas empresas utilizan la segmentación (y su versión más agresiva, la hipersegmentación) no solo para vender más, sino también para dividir y moldear audiencias, explotando miedos, deseos y aspiraciones.
La Hospitalidad Hostil
Podría parecer que la respuesta es emprender una caza de brujas contra mercadólogos, comunicólogos o empresarios. Pero antes de señalar hacia afuera, conviene mirar hacia adentro.
En esta tendencia de hospitalidad hostil (donde la información que debería empoderar al cliente termina usándose para maximizar ganancias y control) los consumidores también tienen responsabilidad. Como ya se ha dicho: todos somos, en algún momento, jueces, parte y verdugos.
Cuando algo va mal, la reacción más común es desvincularse: poner un punto final.
Pero no siempre es la mejor opción, especialmente en el vasto mundo de la hospitalidad, donde lo que se requiere es una coma.
“La sal, tanto sala, tanto val.”
En todo sistema existen agentes nocivos. Es su naturaleza tensionar lo íntegro. Y, aunque incomode, cumplen una función: recordarnos que todo depende de la medida.
La sal puede elevar un platillo… o arruinarlo.
Pero no basta con “agregar sal”: hace falta criterio. Y ese criterio nace de algo esencial: hambre de saber.
Piénsalo: incluso tu comida favorita se vuelve insoportable si la consumes todos los días. No por falta de sabor, sino por repetición.
Como se plantea en La química del sabor:
“Al ingerir algo, tanto quien prepara como quien consume tiene el deber —y el derecho— de saber qué elementos lo componen y qué efectos producen.”
Nadie es profeta en su propia tierra…mientras no te reconozcan…
Esto no implica consumir cualquier curso, leer sin filtro o usar tecnicismos para aparentar conocimiento. El saber no es sinónimo de riqueza ni de arrogancia: es, ante todo, un ejercicio de humildad.
Existen quienes construyen una imagen impecable (casi como un militar condecorado) y dominan el discurso. Personas que saben mucho… pero enseñan un poco de nada.
Se convierten en Pirata de los Sueños cobran por lo superficial. Como, por ejemplo, un Master Cigar Sommelier y Master Habano Sommelier que vende, digo… enseña a degustar puros con maestría, digo… a encender un puro sin explicar cómo elegirlo o comprenderlo.
Eso es equivalente a deberle algo a quien te enseñó a masticar.
Sí, todos necesitamos ingresos. Pero eso no justifica aprovecharse de quien no sabe, eso es como si se le pusieran obstáculos a alguien que ya camina a ciegas.
Los Eternos Aprendices
¿Estamos condenados? En absoluto.
Pero no te confundas: la salida no es cómoda. Exige conciencia. Exige responsabilidad. Exige carácter.
Y aunque suene simple (casi insultantemente simple) todo empieza en un punto: reconocer que eres un eterno aprendiz.
Ahora bien, ¿qué haces con eso?
Si ves a alguien cobrando por enseñarle a otro algo tan básico como “aprender a comer”, y sabes que ahí hay abuso disfrazado de conocimiento, ya no eres espectador. Desde el momento en que lo detectas, te vuelves responsable.
Responsable de cuestionar. De no validar. De no aplaudir. De incomodar, si hace falta.
Mirar hacia otro lado también es una decisión.
Y si eres tú quien está a punto de pagar por lo esencial, la responsabilidad no es menor. Pregunta. Duda. Interrumpe.
En la era de los gurús, el silencio sale caro.
Es mejor parecer ignorante por preguntar… que confirmarlo después de haber pagado por algo que nunca debió venderse.
La mala hierba en el jardín no es un accidente: es una constante. Es invasiva, incómoda, inevitable. Pero lo verdaderamente peligroso no es que exista, sino permitirle crecer, porque si no actúas a tiempo, no solo arruina lo que plantaste: redefine el jardín entero.
Y ahí está el punto incómodo: la plaga no solo destruye, también revela. Te obliga a dejar de ser espectador, obliga a entender que tu rol no termina en sembrar y regar, también implica vigilar, decidir y proteger.
Porque cuidar, al final, es la forma más honesta de ser parte de algo.
O, como diría el vendedor de sueños:
“—El pasado es mi verdugo, no permite que mi familia regrese, pero el presente levanta generosamente mi semblante vencido y me hace ver que no puedo cambiar lo que fui, pero puedo construir lo que seré. Pueden llamarme loco, psicótico, enfermo, no importa. Lo que importa es que, como todo mortal, un día terminaré el espectáculo de la existencia en el pequeño escenario de un sepulcro ante una audiencia en lágrimas. […] —Ese día no quiero que digan: «Ahí, en esa tumba, descansa un hombre rico, famoso y poderoso, cuyos hechos están en los anales de la historia». Tampoco me gustaría que dijeran: «Ese que yace ahí fue un hombre ético y justo». Pues sería una frase de compromiso. Lo que espero que digan es: «En esa tumba reposa un simple caminante que entendió un poco lo que significa convertirse en un ser humano, que aprendió un poco a querer a la humanidad y que pudo vender algunos sueños a otros caminantes.».” (Cury, 2011, p. 182 - 183)
Satoricha ~
Referencias
Cury, A. (2011). The Dreamseller: The Calling: A Novel (C. Frías, Ed.; C. E. Landers, Trans.). Atria Books.
Comments